sábado, 11 de agosto de 2012

Sobre flores y otros poemas (fotos)

Maruja Recaredo

"Llegas
 no a modo de visitación
 ni a modo de promesa
 ni a modo de fábula
 sino
 como firme corporeidad, como ardimiento, como inmediatez."
                                             Rafael Cadenas

sábado, 16 de junio de 2012

Última Apuesta (relato)

Ileana Iribarren

Foto: María Teresa Jiménez R.
  Si usted está leyendo esta carta es porque es una persona muy afortunada. Sólo le pido que lea hasta el final, detenidamente, sin saltarse nada. Luego su vida habrá cambiado para siempre.
  En un juego de azar, usted apuesta una pequeña suma de dinero a un evento poco probable, si el evento ocurre usted gana una gran suma. La Casa gana poco cuando usted pierde una vez, pero mucho si pierde muchas veces o cuando muchos como usted lo hacen. Se arriesga para ganar, aunque casi siempre se pierda. La fortuna de algunos pocos está fundada en la ruina de muchos.

domingo, 3 de junio de 2012

Perfil del Tiempo (relato)

Raúl J. Jiménez R.
Ilustraciones: Daniel Jiménez L.

Fue uno de esos días en que le daba por preguntarse qué estaría haciendo si hubiese hecho lo que quería y no lo que debía, o al menos lo que él creyó que debía hacer. Uno de esos días en que se pierde en su laberinto y, sin importar qué camino escoja, qué pasado reedite o invente, nunca encuentra salida. En fin, uno de esos días en que sólo logra deprimirse. Y no hablo de esas depresiones recidivantes por las que algunas deidades del celuloide terminarán pegándose un chute que inyectará de tinta kilos de pulpa que al final sólo vende la farándula, ya quisiera él. Hablo más bien de esas depresiones crónicas que tienen los que alguna vez quisieron hacer algo, escribir, dirigir, figurar, y se dan cuenta de que cada día que pasa están más lejos de hacerlo. Esas que ningún noticioso va a comentar. Que ni siquiera sus pares, que lo ven como un tipo exitoso, todo un catedrático universitario, pueden advertir. Por eso sabía, estaba seguro, que lo único que tenía sentido hacer era emplearse en algo que le ofreciese sentirse productivamente ocupado. No importaba qué, arreglar el water que aún gotea, ir al supermercado a hacer la compra de la semana, avanzar en su libro sobre economic behavior que parecía que nunca terminaría. De nada sirvió su retórica, siguió perdido en su laberinto. El ordenador lo ayuda a camuflar esos estados de ánimo. Ha aprendido a fingir interés frente a la pantalla de su portátil con la única excusa de no preocupar a su mujer, afligirla sólo profundiza su melancolía. Una simple página web es una excusa para disimular su trastorno, en especial si la cumplimenta con eventuales gestos de interés y clicks de ratón improvisados; que no deben corresponder a un patrón simple, reconocible, que podría poner en evidencia lo que hace, es decir: nada. Me pregunto si otros harán lo mismo, si es un comportamiento común el entristecerse por malgastar el tiempo en estupideces mientras otros lo aprovechan y hacen con él lo que siempre quisieron hacer. Fue así, estableciendo conexiones aleatorias, pinchando aquí y allá, que encontró aquel reportaje. Nada buscaba, su desánimo no se lo hubiera permitido, pero el ver aquella imagen que recurría a todos los estándares publicitarios para ilustrar una fascinante mujer de negocios (incluyendo el fetiche de delicados pies engastados en zapatos de tacón de aguja con  curvatura de empeine rozando el límite de lo imposible) hizo que despertara de su hibernación. Se incorporó del respaldo de su silla para detallar la fotografía y escudriñar más de cerca los pliegues de aquellos pantalones ajustados (de qué se suponía que eran?, lino?), ajustó sus multifocales para cubrir con nitidez las 19 pulgadas de la pantalla y, sin dejar de estudiar el cuerpo de la mujer, leyó flashes del reportaje. "María Justel, directora general de Intelligent Design Solutions, para Europa, Oriente Medio y Asia, ha conducido una exitosa reingeniería,  aumentando significativamente las ventas y consolidando una expansión con sedes en EE.UU. y Brasil". La chaqueta del conjunto (sí, debía de ser lino) estaba desabrochada de par en par y el profundo escote en U le hacía lucir sus turgentes senos. "...la empresa que dirige ha desarrollado una novedosa tecnología para predecir...". Cuántos años habían pasado sin haber tenido una referencia de ella, doce?, trece? Había aparecido en alguna que otra conversación de sobremesa cuando él aún estaba en comisión de servicios en la universidad, en discusiones sobre el reciclamiento de académicos a la empresa, pero en algún momento dejaron de mencionarla. Usaba el corte a los hombros y, aunque su mirada trasmitía mucha dulzura, su boca le resultó extraordinariamente carnal.

martes, 22 de mayo de 2012

Cenizas (relato)

Ileana Iribarren

Cuando entré al Juan Sebastián Bar había muy poca gente. Quizás era temprano y yo, como de costumbre, llegando a la hora de la cita. Nadie, pero realmente nadie en Caracas, llega a la hora de la cita. No sé por qué mantengo esa estúpida costumbre y termino siempre esperando al otro. Pero la verdad es que prefiero estar a tiempo, hacer mi propio reconocimiento del lugar, conseguir estacionamiento fácil, y pedir mi copa de vino en solitario. Sólo había unas pocas personas en la barra. Víctor Cuica tocaba el saxofón y sólo lo acompañaba un percusionista que hacía unos pocos toques a la batería como quien no quiere la cosa. En vez de mi acostumbrada copa de vino, pedí un gin tonic.

sábado, 5 de mayo de 2012

Quietas (fotos)

María Teresa Jiménez R


     "... ¿Habrá un hogar que las cobije,
          una fragante noche que las reciba,
          y así, quietas,
          reposen y acaricien?... "
                               Lorenzo Leal

lunes, 23 de abril de 2012

Cadenza en RE Menor (relato)

Raúl J. Jiménez R.
Ilustración: Daniel Jiménez Lugo

"Lo que brilla es obra de un momento:
lo verdaderamente bello no es nunca perdido
para la posteridad" (Goethe)

Salió temprano, quería haber llegado al camerino antes que el resto de los músicos, evitar el protocolo tras bastidores, pero el atasco fue tremendo. No sólo lo había retrasado la enorme cola, estado estacionario al que parecía haber convergido el tránsito de la ciudad; el operativo desplegado en las inmediaciones del teatro por la celebración del acto al que asistiría el presidente lo había detenido en cada uno de sus anillos de seguridad. Incluso le hicieron abrir su estuche en dos ocasiones. La gota que desbordó el vaso, y que terminó de desbaratar la serenidad y concentración alcanzada en la habitación del hotel, fue un guardia que intentó coger il suo cannone para verificar a través de sus efes que nada contenía. Pero, a quién se le podría ocurrir hacer algo así?, soltar de improviso una Uzi, dejándola pendular de un costado como si se tratase de una cantimplora, sin ni siquiera tener el cuidado de alejar el cañón que podría dañar la cubierta con sólo rozarla, para coger un instrumento como el suyo y zarandearlo e inspeccionarlo a través de sus calados. No le importó que miembros de la orquesta consintieran ese trato, perdió la compostura por completo y sin disposición de negociar cerró el estuche, retirando bruscamente los brazos del guardia de un empellón. Cualquier desenlace hubiera sido posible si el sargento de guardia no hubiese intervenido inmediatamente. Se excusó, no sin antes explicarle a su subalterno que se trataba de El Maestro, y lo acompañó a través de los pasillos del complejo cultural hasta asegurar su entrada a la sala. Se refugió lo más rápido que pudo en el camerino que le habían preparado, cerró la puerta e intentó tranquilizarse. Recordó la aprensión que había sentido de tocar en las condiciones que algunos de sus amigos le advirtieron antes de viajar.  Cuántos años había estado sin tocar en su país? Conocía perfectamente la respuesta, había sacado la cuenta de distintas maneras y siempre daba el mismo resultado: los suficientes como para haber escapado de la insólita lista de vejaciones que fue recolectando entre cervezas a la salida de los ensayos de la última semana. 

viernes, 13 de abril de 2012

El Cocal de Los Muertos (relato)

Ileana Iribarren


Foto: María Teresa Jiménez R
Camina descuidadamente por la playa. Bestias mitológicas esculpidas por el mar en enormes troncos resguardan la infinitud de la playa. Los saluda, son lo más parecido a gente que ve desde hace tres días. Camina hacia el este, el poniente a su espalda. Los pies se hunden en la arena mojada, pisa una concha de caracol. Duele. No ha probado más comida que algunos animalitos de chipichipi o guacucos; hay muchos, pero son minúsculos. Lo han salvado los cocos, tienen agua y pulpa. Dicen que alcanza para alimentarse. La piel arde y se resquebraja de tanto sol. La playa es infinita, se pierde de vista. Escoge unas cuantas palmas secas y prepara un refugio para pasar la noche. Un palo grueso y alisado por el mar sirve de almohada. La brisa se ha ido a otro lugar. Los jejenes pican, ya casi no los siente. Un cocotero no muy alto le habla de la cena. Con la pericia que ha adquirido agarra los cocos sin mucha dificultad. Al menos tiene su cuchillo y toma su único alimento. Permanece despierto todo lo que puede. No quiere soñar. El cansancio lo quiere dominar. Busca ramas secas, hace fuego, se distrae con las llamas. Duerme al lado de las brasas. No ha usado el refugio.

martes, 27 de marzo de 2012

Loma Brisa (fotos)

María Teresa Jiménez R


"... dígale que canto solo. Que ya rompí con el silencio del verano."
Otilio Galíndez

miércoles, 21 de marzo de 2012

Elegía por Doña Clo (relato)

Ileana Iribarren

Foto: María Teresa Jiménez R
Hoy, en mi pueblo, ha pasado algo terrible. Aquí donde los días siempre parecen el mismo, donde los gritos de Matilde cuando regaña a los niños y las peleas de Flora con su marido no son novedad. Hoy este pueblo cambió para siempre. Nadie dice nada, todos esperan que los días vuelvan a ser repetidos y los ayuden a olvidar lo que ha sucedido hoy.

lunes, 12 de marzo de 2012

Sin Cortinas (relato)

Ileana Iribarren

Foto: María Teresa Jiménez R
Estiró el brazo y tanteando en la mesa de noche topó con un paquete de cigarrillos. Por suerte quedaba uno, no tenía ganas de salir. No tuvo tanta suerte para hallar un encendedor. Con el mismo ademán buscó a ciegas alrededor del colchón que reposaba en el piso. Cada vez que encontraba uno, el muy cabrón no tenía gas. Probaba uno a uno y los arrojaba contra la pared cuando no funcionaban. Finalmente al quinto o sexto ensayo una tenue llamita azul le permitió encender el único cigarrillo. Un acceso de tos lo obligó a sentarse. Escupió en el piso y regresó a su posición de mirar al techo pero ahora detallando las formas que dibujaba el humo gris. La poca luz que entraba por la ventana, donde una vez hubo cortinas, le dejaba ver las manchas de humedad que se dibujaban en las paredes. La peor de todas se iniciaba en la esquina derecha del techo y se iba abriendo como un cono verdiazul hasta alcanzar el rodapié medio desprendido.