sábado, 16 de junio de 2012

Última Apuesta (relato)

Ileana Iribarren

Foto: María Teresa Jiménez R.
  Si usted está leyendo esta carta es porque es una persona muy afortunada. Sólo le pido que lea hasta el final, detenidamente, sin saltarse nada. Luego su vida habrá cambiado para siempre.
  En un juego de azar, usted apuesta una pequeña suma de dinero a un evento poco probable, si el evento ocurre usted gana una gran suma. La Casa gana poco cuando usted pierde una vez, pero mucho si pierde muchas veces o cuando muchos como usted lo hacen. Se arriesga para ganar, aunque casi siempre se pierda. La fortuna de algunos pocos está fundada en la ruina de muchos.

domingo, 3 de junio de 2012

Perfil del Tiempo (relato)

Raúl J. Jiménez R.
Ilustraciones: Daniel Jiménez L.

Fue uno de esos días en que le daba por preguntarse qué estaría haciendo si hubiese hecho lo que quería y no lo que debía, o al menos lo que él creyó que debía hacer. Uno de esos días en que se pierde en su laberinto y, sin importar qué camino escoja, qué pasado reedite o invente, nunca encuentra salida. En fin, uno de esos días en que sólo logra deprimirse. Y no hablo de esas depresiones recidivantes por las que algunas deidades del celuloide terminarán pegándose un chute que inyectará de tinta kilos de pulpa que al final sólo vende la farándula, ya quisiera él. Hablo más bien de esas depresiones crónicas que tienen los que alguna vez quisieron hacer algo, escribir, dirigir, figurar, y se dan cuenta de que cada día que pasa están más lejos de hacerlo. Esas que ningún noticioso va a comentar. Que ni siquiera sus pares, que lo ven como un tipo exitoso, todo un catedrático universitario, pueden advertir. Por eso sabía, estaba seguro, que lo único que tenía sentido hacer era emplearse en algo que le ofreciese sentirse productivamente ocupado. No importaba qué, arreglar el water que aún gotea, ir al supermercado a hacer la compra de la semana, avanzar en su libro sobre economic behavior que parecía que nunca terminaría. De nada sirvió su retórica, siguió perdido en su laberinto. El ordenador lo ayuda a camuflar esos estados de ánimo. Ha aprendido a fingir interés frente a la pantalla de su portátil con la única excusa de no preocupar a su mujer, afligirla sólo profundiza su melancolía. Una simple página web es una excusa para disimular su trastorno, en especial si la cumplimenta con eventuales gestos de interés y clicks de ratón improvisados; que no deben corresponder a un patrón simple, reconocible, que podría poner en evidencia lo que hace, es decir: nada. Me pregunto si otros harán lo mismo, si es un comportamiento común el entristecerse por malgastar el tiempo en estupideces mientras otros lo aprovechan y hacen con él lo que siempre quisieron hacer. Fue así, estableciendo conexiones aleatorias, pinchando aquí y allá, que encontró aquel reportaje. Nada buscaba, su desánimo no se lo hubiera permitido, pero el ver aquella imagen que recurría a todos los estándares publicitarios para ilustrar una fascinante mujer de negocios (incluyendo el fetiche de delicados pies engastados en zapatos de tacón de aguja con  curvatura de empeine rozando el límite de lo imposible) hizo que despertara de su hibernación. Se incorporó del respaldo de su silla para detallar la fotografía y escudriñar más de cerca los pliegues de aquellos pantalones ajustados (de qué se suponía que eran?, lino?), ajustó sus multifocales para cubrir con nitidez las 19 pulgadas de la pantalla y, sin dejar de estudiar el cuerpo de la mujer, leyó flashes del reportaje. "María Justel, directora general de Intelligent Design Solutions, para Europa, Oriente Medio y Asia, ha conducido una exitosa reingeniería,  aumentando significativamente las ventas y consolidando una expansión con sedes en EE.UU. y Brasil". La chaqueta del conjunto (sí, debía de ser lino) estaba desabrochada de par en par y el profundo escote en U le hacía lucir sus turgentes senos. "...la empresa que dirige ha desarrollado una novedosa tecnología para predecir...". Cuántos años habían pasado sin haber tenido una referencia de ella, doce?, trece? Había aparecido en alguna que otra conversación de sobremesa cuando él aún estaba en comisión de servicios en la universidad, en discusiones sobre el reciclamiento de académicos a la empresa, pero en algún momento dejaron de mencionarla. Usaba el corte a los hombros y, aunque su mirada trasmitía mucha dulzura, su boca le resultó extraordinariamente carnal.