Ileana Iribarren
Cuando entré al Juan Sebastián Bar
había muy poca gente. Quizás era temprano y yo, como de costumbre, llegando a
la hora de la cita. Nadie, pero realmente nadie en Caracas, llega a la hora de
la cita. No sé por qué mantengo esa estúpida costumbre y termino siempre
esperando al otro. Pero la verdad es que prefiero estar a tiempo, hacer mi
propio reconocimiento del lugar, conseguir estacionamiento fácil, y pedir mi
copa de vino en solitario. Sólo había unas pocas personas en la barra. Víctor
Cuica tocaba el saxofón y sólo lo acompañaba un percusionista que hacía unos
pocos toques a la batería como quien no quiere la cosa. En vez de mi
acostumbrada copa de vino, pedí un gin tonic.
