Raúl J. Jiménez R.
Ilustración: Daniel Jiménez Lugo
"Lo que brilla es obra de un
momento:
lo verdaderamente bello no es nunca perdido
para la posteridad" (Goethe)
lo verdaderamente bello no es nunca perdido
para la posteridad" (Goethe)
Salió temprano,
quería haber llegado al camerino antes que el resto de los músicos, evitar el
protocolo tras bastidores, pero el atasco fue tremendo. No sólo lo había
retrasado la enorme cola, estado estacionario al que parecía haber convergido
el tránsito de la ciudad; el operativo desplegado en las inmediaciones del
teatro por la celebración del acto al que asistiría el presidente lo había
detenido en cada uno de sus anillos de seguridad. Incluso le hicieron abrir su
estuche en dos ocasiones. La gota que desbordó el vaso, y que terminó de
desbaratar la serenidad y concentración alcanzada en la habitación del hotel,
fue un guardia que intentó coger il suo cannone para verificar a través de sus efes que nada contenía. Pero, a quién se
le podría ocurrir hacer algo así?, soltar de improviso una Uzi, dejándola
pendular de un costado como si se tratase de una cantimplora, sin ni siquiera
tener el cuidado de alejar el cañón que podría dañar la cubierta con sólo
rozarla, para coger un instrumento como el suyo y zarandearlo e inspeccionarlo
a través de sus calados. No le importó que miembros de la orquesta consintieran
ese trato, perdió la compostura por completo y sin disposición de negociar
cerró el estuche, retirando bruscamente los brazos del guardia de un empellón.
Cualquier desenlace hubiera sido posible si el sargento de guardia no hubiese
intervenido inmediatamente. Se excusó, no sin antes explicarle a su subalterno
que se trataba de El Maestro, y lo acompañó a través de los pasillos del
complejo cultural hasta asegurar su entrada a la sala. Se refugió lo más rápido
que pudo en el camerino que le habían preparado, cerró la puerta e intentó
tranquilizarse. Recordó la aprensión que había sentido de tocar en las
condiciones que algunos de sus amigos le advirtieron antes de viajar. Cuántos años había estado sin tocar en su
país? Conocía perfectamente la respuesta, había sacado la cuenta de distintas
maneras y siempre daba el mismo resultado: los suficientes como para haber
escapado de la insólita lista de vejaciones que fue recolectando entre cervezas
a la salida de los ensayos de la última semana.
